domingo, 4 de septiembre de 2016

Anécdota: Cómo conocí a Benigno Horna

Llega diciembre, la Navidad, y con ello los mercadillos navideños. Iba paseando por el mercadillo navideño de Collado Villalba, con la mala suerte de que la mayoría de los puestecitos ya habían cerrado, cuando una voz lejana llamó mi atención y la de mi acompañante. Un hombre veterano nos hacía señas instándonos a que acudiéramos al puesto que él regentaba: un puesto de libros. Me llamó la atención encontrar títulos como Diario de un coach, PNL e inteligencia emocional junto a otros que tenían portadas relacionadas con el tarot. 



Al ser periodista en un programa de radio cultural, no desaproveché la oportunidad de hacer una entrevista. Durante la entrevista (que pronto colgaré) todo fue correcto e interesante. Habló de sus libros y de cuál se sentía más orgulloso (de Pentimentos, una novela romántica). Hasta ahí todo fue bien, luego, la cosa se volvió un tanto excéntrica.

Al terminar la entrevista quiso que permaneciera un rato en la caseta del puestecito de libros y me pidió que me metiera en Amazon desde mi móvil para buscar prácticamente todas sus novelas y demostrarme (como si no me lo creyera) que todas sus obras eran famosísimas y que estaben en los "top 10" de Amazon, por decirlo de alguna manera. Como tiene muchas novelas esto fue algo tedioso y, en mi opinión, innecesario. Pero bueno, eran curiosidades. También empezó a contarme que a su familia no le sentaba nada bien que él pasara las navidades en un puesto ambulante en lugar de estar con ellos, pero que él quería sentirse libre de hacer lo que quisiera e ir adónde le apeteciera. Como todo, es una decisión respetable. El caso es que mi acompañante me estaba esperando y yo no quería tardar mucho en reunirme con esa persona: como suele decirse, en ese momento yo no estaba "de servicio". Pero me pareció que el escritor deseaba mantener la conversación y me contó (de nuevo) que tenía tres doctorados, que había viajado bastante, y acabó diciéndome que la psicología era algo innato y que se nacía para ello. Para demostrarlo, trató de hacer una averiguación de mis pensamientos. Lo que yo pensaba en esos momentos era que quería volver pronto a mi cita. Lo que él dijo que yo estaba pensando fue lo siguiente:

-Tranquila, no estás gorda. Como mucho tienes retención de líquidos.

Más o menos esta fue mi cara.


No tenía claro si me había hecho un cumplido o si de verdad me había llamado gorda en toda la cara. A mí el peso nunca me había importado, de hecho me considero bastante agraciada, por lo que la frase me dejó bastante estupefacta y se lo hice saber. Le dije que no era así, él sonrió y me dijo:

-¿Quieres que te diga otra cosa más?

-No, la verdad es que no. -Tenía bastante prisa y lo cierto es que el hombre comenzaba a resultarme inquietante. Pero cuando iba a abrir la puerta añadió:

-Bueno, pero esta nueva barbaridad es buena, ¿eh?

-¿Y de qué se trata? -pregunté. Él se me acercó en tono confidencial.

-Aunque tu padre te haya dicho que no te quiere, no es verdad, te quiere mucho.

Me despedí y me fui. Había hablado con mi padre una hora antes por teléfono y nos habíamos despedido diciéndonos "te quiero" el uno al otro, así que no sé si ese vaticinio tan raro se lo dio un tarot defectuoso.

No me pareció mala persona, pero espero que sea mejor escritor que psicólogo y vidente.