martes, 5 de diciembre de 2017

Ocho razones para NO ir a ver Harry Potter the Exhibition

Buenas tardes, contraportadistas. Voy a utilizar este post para contaros mi mala experiencia con Harry Potter the Exhibition, con la esperanza de que a vosotros no os vendan la moto como me la vendieron a mí.

Harry Potter the Exhibition es una exposición que estará abierta al público hasta el 3 de abril en IFEMA (Feria de Madrid). La venden como el evento de Harry Potter más grande de España, en el que se exponen piezas de atrezzo utilizadas en las películas del famoso mago... Pero, aunque suene muy bien, os dejo aquí las razones por las que no deberíais ir...

1. En primer lugar, es una exposición muy limitada. No tenía muy claro si estaba yendo a la exposición de Harry Potter o al museo del traje... Las piezas principales eran la ropa utilizada por los tres o cuatro actores principales... Y poco más. Recrean, como mucho, un par de puertas del castillo y un intento de cabaña de Hagrid, pero no llega más allá.

2. No es una exposición interactiva. Solo hay unas mandrágoras que se pueden coger para echarte la foto y unas cestas de qudditch. El resto no se puede tocar (y casi que ni ver).

3. Es muy pequeña. Tratándose de un pabellón de IFEMA, me esperaba algo espectacular, pero no. Hay cuatro o cinco pequeñas salas llenas de trajes y pósters, sin contar la tienda de regalos al final. Además, no es una exposición ordenada por películas o por temáticas... Es todo un batiburrillo... 

4. Está tan oscuro que no ves ni dónde pisas. No es raro que en museos y exposiciones la luz esté limitada y no te dejen usar flash en las fotos... Pero aquello no tenía nombre. Estaba todo a oscuras, me costaba distinguir a mis propios amigos en las sobras y casi no veía la propia exposición. Era un despropósito, las fotos salieron horribles, pisé más de un pie y apenas me enteré de lo que veía (mejor dicho, de lo que no veía...). Como una imagen vale más que mil palabras, ahí van algunas de las fotos que tomé (y que me dan casi vergüenza) 😀.






5. Te toca pagar por el guardarropa. Cuando compras la entrada, nadie te avisa de que no puedes ir con mochila (no digo una mochila enorme, sino cualquier mochilita pequeña) ni con bolso grande. A una de mis amigas le tocó pagar por el guardarropa porque tenía prohibido entrar con la mochilita en la que llevaba solo el monedero y una libreta. ¡Ah! Por cierto, antes de entrar te abren el bolso. No es que lo pasen por un escáner (cosa que podría entender), es que la gente que te revisa la entrada (dos veces) va abriendo bolso por bolso. Si yo me plantara y le dijera a alguien que me enseñara el interior de su bolso, probablemente me lo dejaría porque (además de ser muy bordes) la mayoría de los vigilantes no iban con identificación del evento.

6. Se empieza tarde y mal. Cuando compras la entrada, pagas por entrar a una hora determinada (cosa que no es usual en IFEMA), pero (¡sorpresa!) llega esa hora y aún te toca estar haciendo cola. 

7. Está demasiado masificado. No se podía ni andar. Se supone que entrar por turnos es un mecanismo para evitar aglomeraciones, pero allí parecíamos todos sardinas en lata. El agobio estaba servido. 

8. Los precios no eran normales. Ranas de chocolate a 15€, un peluche muy mal hecho a 30€, una bufanda sin escudo por 23€, un llavero por 9€, una capa por 75€... Y si al menos fueran buenos, podría pasar, pero parecía que lo habían sacado de un todo a cien. En cualquier FNAC el marchandising de Harry Potter tiene más calidad y es más barato que allí. No he visto merchandising más caro ni en el ExpoManga, yo ya sabía que no iba a ser barato, pero era una barbaridad. Por cierto, la tienda era el único lugar bien iluminado. Suma eso a 20€ por 45 minutos de una exposición oscura, masificada y poco original...

En conclusión, ese día me lo pasé bien pero porque estaba con amigos y conocí a personas maravillosas... Pero Harry Potter the Exhibition NO MERECE LA PENA. Y no es solo mi opinión, quien compruebe la página de Facebook del evento verá que abundan los comentarios negativos (a los que, por cierto, la organización no responde). En una palabra...

¡Riddikulus!


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