lunes, 5 de septiembre de 2016

Reflexiones bioéticas acerca de 'Blade runner'

Las cuestiones bioéticas que se encuentran en el trasfondo de la película Blade Runner son diversas. En primer lugar, artículos como Blade Runner o la pregunta por la dignidad humana de Ricardo García Manrique, hacen hincapié en la cuestión moral que tiene más presencia en la película: la dignidad humana. Sin embargo, ¿cómo podemos concretar con exactitud qué es la dignidad humana si no podemos definir lo que es “humano”? Por tanto, creo que el verdadero hito de la discusión bioética es la identidad humana.

En la película y el libro, humanos y replicantes compartían apariencia física, conciencia y lógica semejantes, ¿es eso suficiente para afirmar que todos eran humanos ya fueran naturales o artificiales? No han sido pocas las veces que se ha intentado definir qué es aquello que nos hace humanos. En primera instancia, la filosofía dictamina que lo que nos diferencia del resto de los animales es el lenguaje. A día de hoy existen numerosos casos de pacientes con TGD grave (Trastorno General del Desarrollo) que en toda su vida no tienen posibilidad de practicar un lenguaje, puesto que los circuitos neuronales encargados de la transmisión comunicativa están inactivos. Son incapaces de utilizar lenguaje escrito, oral o gestual. ¿Esas personas no se pueden considerar humanas?

Otras voces opinan que es nuestra gran inteligencia la que nos sitúa en la cima de la cadena alimentaria. Podría ser, pero se ha demostrado que el cerebro de los delfines está incluso más desarrollado que el nuestro: son conscientes de sí mismos, tienen conciencia de la muerte, pueden padecer depresiones y ansiedad, practican el sexo por placer y muestran multitud de comportamientos muy “humanos”. De hecho, entre los delfines se dan casos de adopción de crías de especies de delfines diferentes e incluso casos de violación sexual. Comportamientos que se alejan mucho de lo puramente instintivo y que más bien recuerdan al debate moral entre el bien y el mal.

¿Y los sentimientos como el amor y la lealtad? A día de hoy se cuentan mil casos de perros que han dado la vida por salvar a sus amos. Los albatros permanecen fieles a su pareja toda la vida. ¿Y la capacidad de elegir? Tal vez en el día a día los humanos tomemos más decisiones que el reino animal, que van desde qué camisa ponernos hasta con qué persona comenzar una relación; pero a mi parecer no es que los animales no puedan decidir, sino que tienen un campo más pequeño de decisiones que tomar. Con respecto a las grandes infraestructuras que hemos creado y a la organización de nuestra sociedad, solo puedo decir que las colmenas llevan ejerciendo ese modelo desde milenios antes de nuestra existencia.

Siempre realizamos la distinción “humanos y animales”, cuando en realidad, el ser humano es un animal más. Los humanos tenemos intrínseca una necesidad organizativa que es, probablemente, la causa de nuestro éxito. Había que saber qué piedras eran buenas para construir herramientas y cuáles no, qué animales se podían cazar y cuáles no… El ser humano es más apto para observar diferencias que para apreciar las semejanzas. Esto lo vemos en el día a día, dentro de nuestra propia especie nos diferenciamos en ricos y pobres, mujeres y hombres, blancos y negros, comunistas y conservadores, europeos y africanos… Millones de nombres y de roles que nacen de la necesidad de organizar la vida. Es por eso que también tenemos que diferenciarnos como especie del resto de especies, para encontrar respuestas a preguntas de difícil contestación: ¿quiénes somos?, ¿por qué somos la especie más poderosa? Contestar a esa pregunta dando razones que expliquen de alguna manera que sí somos por derecho los seres más importantes de la Creación lo que hace es aportarnos una serie de derechos. Si por ser humano soy superior a un toro, tengo todo el derecho a matarlo en una plaza de toros. Si por ser hombre soy superior a la mujer, tengo todo el derecho a maltratar a mi esposa. Si por ser blanco soy civilizado, tengo todo el derecho a esclavizar a un negro… Y así sucesivamente. Pero es entonces cuando se empiezan a encontrar las semejanzas. Y con las semejanzas entre el oprimido y el opresor llegan los derechos y llega la igualdad.


¿Qué los humanos tengan semejanzas con unos seres creados artificialmente los convierte en humanos? No. Del mismo modo que las mujeres, aunque tengan los mismos derechos que los hombres, no son hombres. Ahí es donde entra el error de la igualdad. No consiste en que todos sean iguales, consiste en que todos tienen diferencias, y eso es lo que tienen en común. Es más que probable que aquello que diferencia a los seres humanos del resto de seres vivos sea el ADN.

Con esto no quiero decir que un ratón deba tener los mismos derechos que un humano. Cada especie protege a su especie. La humanidad debe proteger a la humanidad. La humanidad puede alimentarse de animales y utilizarlos en sus tareas, pero debe respetarlos y no considerarse superior. La dignidad está en la vida, y ese debería ser motivo de sobra para no dañar el medio ambiente. Si una especie como los replicantes tuviera la capacidad de autogestión de la raza humana es ella quien debe crear sus propias leyes y derechos adecuándolos a la necesidad de su colectivo, que no tienen por qué ser iguales a las humanas. Y ambas especies deberían tener un consenso de respeto mutuo para que ninguna dañara a la otra aunque cada una tuviera su gobierno y sus culturas independientes. Si una especie puede determinarse a sí misma, la humanidad debe darle el derecho a hacerlo.

Cabe añadir que la creación de vida artificial con estas características con la finalidad de obtener mano de obra esclava es un ejercicio que carece totalmente de empatía y que rebosa injusticia. Incluso aunque la finalidad no fuera esa y no hubiera malas intenciones, por pragmática, los humanos no deberían crear algo que pueda destruirlos. Tocar los límites de la ciencia en ocasiones es algo que se puede hacer, pero que no se debe hacer.